lunes, 6 de enero de 2014

Mi buena mente enferma

Nada resulta común en este espacio, ya no se como llevar la cuenta de las noches que llevo aquí esperando a que suceda algo que me pueda salvar de esta clase de infierno, todo resulta tan enfermizo y me toca vivirlo a cada segundo.

No me queda más que escribir todo lo que pasa sobre mi piel, ya que es el único lugar donde puedo hacerlo y ya no me queda mas (piel). Trataré de ser clara y poderles hacerles imaginar lo que sucede en este mundo de atrocidad.

Empecé soñando en una de mis siestas de las tardes, estaba en casa de un amigo terminando de ensayar con mi banda, me quedé dormida mientras mis amigos fumaban, la vista siempre a sido hermosa en este balcón, el mar tiene una brisa que te traslada a todos los lugares que has podido pensar.
Me dormí pensando en un mar de flores, muchos girasoles, de pronto escuché una algarabía, gritos y disparos, olía a que algo se quemaba, trate de levantarme pero me fue imposible, no sabia si era un sueño o realidad.

Impotente, solo con los ojos clavados en el techo. Mi hermano llego hasta donde estaba, gritó y empujó la puerta, calló y al verlo frente a mi noté que le faltaba un brazo, le colgaba la carne y la sangre se escurría entre las baldosas, haciendo caminos, como círculos infinitos. En ese instante pude recobrar la movilidad de mi cuerpo pero hubiera sido mejor haberme quedado como vegetal en aquel cuarto, mis rodillas estaban totalmente ancladas al sillón con enormes agujas y el dolor era infinito, mis gritos se hicieron uno solo con el de mi hermano y apreté tanto la boca del dolor, que me tragué 3 dientes.

Lloré, y simplemente no fue suficiente para sacar toda esa maldita euforia mezclada con el dolor que recorría mi cuerpo haciendo que este se deformara cada vez mas.
Mi hermano se paro agarrándose lo que le quedaba del brazo y dijo que por que lo hice, que era mi culpa, me percaté que llevaba un tipo de sierra pero al entrar se le calló, la alzó con el brazo que le quedaba y al momento que la alzó, se colapsó y la misma sierra le terminó de arrebatar el último aliento de desenfreno que estaba utilizando para degollarme de un movimiento.

Si estaba alterada e inconsciente de lo que sucedía cuando estaba en ese extraño trance, ahora, ahora todo resulta tan agonizante y escalofriante. Mientras pasaba eso, un zumbido mucho más estremecedor se escuchaba a lo lejos, escuché a un bebe llorar me desgarró el alma...

Se que no tenía mucho por hacer ni sabía que estaba pasando pero, al parecer parte de mi se alegraba, muy dentro de todo lo que sucedía, ya que no podía ver nada, mi único pensamiento fue acabar con todo, mis extremidades al borde del colapso, mis manos temblando fuertemente y mi corazón, realmente no sentía que palpitara.

Tomé como pude la sierra, la encendí y la dejé caer sobre mi cuello, en la yugular, acabando así con lo que quedaba de mi existencia, aunque eso solamente me llevó a donde estoy ahora.

Eternamente atrapada para ser descuartizada y no morir.

   Edwin Torrez

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