Cotidianamente el ritual del café se convirtió en mi única y real pasión,
cuando de espalda visualizaba tus nalgas,
colinas firmes al borde de mi camisa mas larga,
la de cuadros que te encantaba ponerte cada mañana,
con un poco de mi perfume,
para darle un toque de cariño a la conjura alquímica que transformaba un simple polvo oscuro en la más suave y sinceras de las bebidas,
que cada mañana me revitalizaba la vida junto con tus besos de leona.
Pude sacarte una sonrisa,
la vi nacer desde la comisura de tu boca,
se fue dibujando nota a nota,
con una explosión de flores que llenó el cuarto de aromas
(con el café).
Por que cada mañana resultaba un seductor baile...
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