viernes, 18 de abril de 2014

Sin sentido

Yo que pensé que tanto odio no serviría de nada, los trabalenguas que utilizaba para seducir misterios entre tus estupores, para eso si odiaba, para que cuando el anal terminaba de ser sexo nos golpeáramos e intentáramos desgarrar las espaldas con latigazos llenos de desesperación.

Tu sangre, suspensión de tus dolores dentro de mis sábanas, enredada con los diluvios de sospechas, mal intencionando mis frases comunes. Y es que de todo esto no saco nada, nada, nada.

Igual tu, eliminabas mi humanidad, me llamabas amor con las cartas silvestres que atenuaban solsticios, los mismos labios que una vez derribaron los gobiernos de inhumanos dictadores y reinaron en los pensamientos de los más jóvenes.


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